viernes, julio 21, 2006

MANIFIESTO POR UN FUTURO LIBRE DE PARTIDOCRACIA

J.S. Lucerna
2006, Derechos Reservados

...i’ve waited for this
Right here, right now,
There is no other place
I want to be
Right here, right now,
Watching the world
Wake up from history

Jesus Jones


El 10 de julio de cada año, a partir del 2005, deberá ser un día de júbilo nacional, pues en este día se le dio la primera gran estocada a la partidocracia. Cerca de medio millón de personas participaron en un evento electoral sin haber sido convocados ni interpelados por partido político alguno.

En principio, el referéndum sobre la unicarmeralidad fue interpretado como un rechazo a la guerra política sin cuartel que se desataba entonces por el presupuesto del año fiscal 2005-06. Al quedar el poder dividido entre los partidos que dominaron la elección del 2004 (y sin que tuviese, ninguno de los dos, posibilidades de monopolizarlo), su ejercicio quedó reducido al tranque absoluto. Las iniciativas de cada bando fueron canceladas por el poder constitucional del otro. Mientras el ejecutivo tronchaba cualquier posibilidad de un debate sobre status, el legislativo echaba al suelo cualquier iniciativa de desarrollo económico empujada por el gobernador. Fue la inercia política llevada a su extremo, con la posibilidad de que la “guerra partidocrática nuestra de cada día” se reprodujera ad infinitum por lo largo de cuatro años. Fácil suponer, ante tal panorama, que la consigna para apoyar al referéndum fuera “castígalos con tu voto.”

Asumir así la histórica votación del 10 de julio de 2005 es, en cierta manera, perpetuar la validez de la partidocracia. Es casi como recibir un regaño por haber condenado a Roselló a su exilio político-mental por sufrir de status dementia, y soportar su actual delirio como una forma de expiar nuestras culpas. Es arrogarse la responsabilidad de la actual guerra sin cuartel, y tener que cargar sobre el lomo todo el desastre económico resultante de ella. No tiene que ser así.

El avasallador triunfo de la unicameralidad en el referéndum puede verse como un paso decisivo en la derogación del monopolio ejercido por los partidos políticos en los pasados 50 años, para así adelantar otra forma de organizar la experiencia del poder en el país. Seguir pensando dentro de los límites cognitivos de la partidocracia impide repensar lo político fuera del debate del status. Resulta necesario, en el momento en que vivimos, forjar la gestión pública desde parámetros que no estén vinculados a la definición del status. Aquí proponemos algunos vectores desde los cuales adelantar la causa y empujar así la partidocracia al olvido.

Ecosistema
[(De eco- y sistema) 1. m. Comunidad de los seres vivos cuyos procesos vitales se relacionan entre sí y se desarrollan en función de los factores físicos de un mismo ambiente.]

La partidocracia nació de la relación colonial (en el estricto sentido de la política moderna) que Puerto Rico sostuvo con los Estados Unidos en la primera parte del siglo XX. El Estado Libre Asociado (ELA) fue una reformulación de la relación con la metrópoli; el imaginario geopolítico del puertorriqueño continuó girando en torno a ella como centro del universo, obviando así la existencia del resto del planeta. Tal fue el caso que en momentos donde dicho imaginario se vio resquebrajado (particularmente en la década del setenta), Romero Barceló logró construir la oposición independentista como “bárbaros” prestos a introducir “el terror” y apartarnos así del “verdadero eje” de nuestra existencia política.

En tiempos presentes, sin embargo, la idea de un solo eje organizador de la existencia ha quedado caduca. Con el fin de la guerra fría el poder quedó desplazado en múltiples ejes, y surgió la necesidad de asumir el mundo como algo más que “ellos y nosotros.” De igual modo, la explosión del comercio global ha dado constancia de lo vasto del territorio, planteando toda una serie de interrogantes acerca de cómo asumirle. Utilizando la Internet como metáfora, el mundo globalizado se ha levantado a partir de la compresión (casi absoluta) de los vectores modernos del espacio y el tiempo. Esto nos arroja de lleno en la era de la simultaneidad; el estar siempre presentes en todas partes (ya sea conectados por el Internet, la televisión, las redes inalámbricas o el teléfono celular), la abolición de las fronteras físicas y la posibilidad (o imposibilidad) de convivir con la diferencia. En un mundo donde todo está siempre presente, es inadmisible obviar eventos como la actual crisis de medio oriente. No sólo se trata de presenciarle en directo a través de las pantallas (televisivas o computarizadas); las repercusiones del conflicto las vivimos inmediatamente con las fluctuaciones en el precio del petróleo o la amenaza del terrorismo.

Mientras la partidocracia continúe gobernando nuestro imaginario geopolítico, la posibilidad de asumir ese mundo globalizado se verá limitada.


Biodiversidad
[1. f. Variedad de especies animales y vegetales en su medio ambiente.]

El principio de organización fundamental de la partidocracia lo es la intolerancia hacia la preferencia de status del contrario. Lo que hace diferente al Partido Nuevo Progresista (PNP) de su némesis, el Partido Popular Democrático (PPD), lo es su posicionamiento en cuanto a este debate; los primeros pregonan la estadidad mientras que los otros prefieren en limbo político perpetuado. Más allá de esto, no hay diferencias significativas entre ambos. Una hojeada a los respectivos programas de gobierno de ambos, de cara a las elecciones de 2004, confirmaría esta premisa. Pero también es importante señalar otros paralelismos, como los niveles de corrupción, sus tendencias innatas al caciquismo, el desfreno en perseguir empleados públicos del bando contrario, etc. Sin embargo, ambos partidos, a partir de la segunda mitad del siglo veinte, lograron calar muy hondo dentro del imaginario del puertorriqueño de modo tal que pareciese que lo que define la subjetividad del puertorriqueño es su preferencia por alguna de las alternativas de status disponibles.

Pero en la medida en que nos adentramos al siglo XXI, el estado nacional moderno (bajo el cual está construido el discurso de la partidocracia y su obsesión con el asunto del status), ha perdido relevancia. La globalización, la licuefacción del capital y la instauración de la cadena global de distribución han replanteado la geopolítica a tal grado que las viejas dicotomías modernas han quedado obsoletas, particularmente la guerra fría (que dio paso al ELA en principio). La necesidad de asumir la diferencia se hace ineludible, ya sea por la amenaza que pudiera representar en cuanto a supervivencia, o por la necesidad de otros de expandir sus respectivos mercados.

Por ejemplo, la dependencia al petróleo que sufre el mundo posmoderno embriagado por el aroma del neoliberalismo cada día nos empuja más a la triste realidad (para algunos) de tener que compartir la existencia con extremos que en antaño pensamos inconexos o simplemente retrógrados. La única manera que Estados Unidos sobrevive su actual decadencia como superpotencia es aprendiendo a vivir con sus antiguos enemigos, como el islamismo. Pero de igual manera, el islamismo debe educarse para poder negociar con las fuerzas del neoliberalismo. Esto no implica rendirse a los pies de éste; simplemente indica uno de los lugares donde reside el agenciamiento en tiempos venideros. Si se utiliza el respeto como parámetro, existe la posibilidad de concebir formas de convivencia particularizadas que den paso simultáneamente al neoliberalismo y a la singularidad del territorio. De eso trata la biodiversidad.

Derogar el maniqueísmo partidocrático en Puerto Rico daría paso a la posibilidad de plantearse las formas en que se instauraría la biodiversidad con respecto al neoliberalismo y la peculiaridad de nuestro territorio. Por ejemplo, qué se desea: una inserción feroz y salvaje a la cadena global de distribución que utilice el servilismo como eje subjetivante, o la creación de una alianza que permita una introducción moderada del mismo velando por los intereses de los sujetos del consumo constituidos como comunidades ecosistémicas. Se le permite a Wal-Mart su entrada indiscriminada en el territorio en aras de una supuesta competitividad por encima de otros territorios, y a costa de la destrucción de las pequeñas y medianas empresas (al igual que sus comunidades), o la negociación de unas bases de convivencia fundamentadas en los preceptos de la “responsabilidad social empresarial.”

Mientras la partidocracia continúe rigiendo el poder político, no sólo se pone en duda la competitividad del territorio. La intolerancia que le da vida impediría la posibilidad de inserción dentro de la cadena global de distribución. Por esto se debe abolir permanentemente la actual estructura de partidos políticos en el país. Es la única manera de diseminar la biodiversidad como agenciamiento.

El Ser Sustentable
[1. adj. Que se puede sustentar o defender con razones.]

La actual crisis fiscal que sufre el modelo de gobierno presente es quizá lo más apartado que se puede estar de ser sustentable: a modo de mantener funcionando un aparato gubernamental completamente ineficiente, se grava el bolsillo de los consumidores, se encarece el costo de vida y se reduce cuantiosamente la competitividad del país con respecto a la geopolítica actual. ¿A costa de qué se justifica un aumento en los impuestos? ¿Para la realización de más “obra pública”? ¿Cuál obra? ¿El llamado Tren Urbano o el Coliseo de Puerto Rico (ambos monumentos a la inutilidad)?

Puede que las acciones del "Chief Reengineering Officer" del gobierno actual, Jorge Silva Puras, representen una reconceptualización de la gestión pública. De hecho la acción de nombrarle Secretario de Estado es de por sí un reconocimiento de lo ineficiente que resulta la formulación actual del gobierno. Pero, ¿dónde colocar a los empleados desplazados, aquellos que por motivos de la reingeniería pierden sus trabajos? Sin una estrategia que logre atraer capital líquido y realce la competitividad del país, todas estas acciones, por más bien intencionadas que sean, ahondarán la crisis actual. Tal parece que sus acciones están encaminadas por la misma vereda que transita el ilustre Secretario de Educación, doctor Aragunde, despidiendo a los asistentes de educación especial y relocalizando el altamente especializado (en materia de alimentos, n0 educación especial) personal de comedores escolares para que realicen esta labor.

El ser sustentable se logra en la medida en que las alianzas entre el capital líquido y los sujetos del consumo se integran como ecosistema, en una sociedad basada en la biodiversidad y donde se persiga el beneficio de ambas partes. Las estrategias de “responsabilidad social empresarial” entrañan lo sustentable: el capital líquido establece nuevos mercados en la medida en que contribuye al establecimiento o fortalecimiento de los sujetos del consumo. Pero el capital sólo establece alianzas allí donde el terreno es fértil para su crecimiento. De eso trata la competitividad.

En Puerto Rico eso se traduce en sujetos del consumo altamente cualificados (bien educados), en un ambiente propicio para el establecimiento de cadenas de distribución globales donde la gestión pública destile eficiencia y tenga como propósito el bien de estas alianzas. Pero mientras esta gestión sea minada por discusiones decimonónicas sobre cuál solución de estatus es la más conveniente (u honorable), mientras el gobierno sea dirigido por políticos latifundistas que entiendan la labor pública como el manejo de una hacienda, no será posible lograr un ecosistema biodiverso autosustentable.

Por eso, es necesario continuar el camino ya trazado y dar fin a “la partidocracia nuestra de cada día.”

lunes, julio 17, 2006

Sobre la Falta de Relación entre la Reforma Contributiva y la Crisis Fiscal del Estado

J.S. Lucerna
2006, Derechos Reservados


I
En el marco de discusión sobre la “reforma contributiva” se construye su justificación a partir del “evasor legítimo,” mientras la verdadera economía informal (aquella que se nutre del narcotráfico y otras actividades ilícitas) ni siquiera figura en los discursos oficiales. El “evasor legítimo” sería aquel sujeto obstinado en burlar las normas impuestas para el intercambio económico: el profesional que prefiere cobrar en efectivo y así no reportar sus verdaderos ingresos al fisco, el que vende en los semáforos 14 horas al día cobrando también en efectivo, el que utiliza paraísos fiscales para ocultar sus verdaderas ganancias, etc. En el lenguaje de las estadísticas se hablaría del margen de error, aquellos que se desvían de la norma e impiden que el Departamento de Hacienda cumpla con las expectativas de recaudos para el año. Al imponer un impuesto a la venta, se logra detener la evasión que estos sujetos realizan a diario. O sea, si bien el Estado no logra que los mismos tributen por su producción, al menos abonarán en el consumo.

Esta maravillosa solución al perenne problema de la evasión contributiva contiene otra justificación no explicitada: la “insuficiencia de fondos” por parte del estado para llevar a cabo la gestión pública. Es lo que subyace y al mismo tiempo socava la credibilidad de cualquier discusión sobre una “reforma contributiva.” De este modo, el “sales tax” se convierte en una doble tributación para los sujetos del consumo enganchados en la cadena global de distribución; se tributa a la entrada del dinero, y también a la salida. Así, cualquiera que tenga un conocimiento mínimo de matemáticas se pudiera dar cuenta que de un plumazo los impuestos aumentaron en un 7%. Si antes se tributaba por el salario devengado 15%, ahora el tributo total real será de un 22%, puesto que desde los servicios esenciales hasta los caprichos deberán incluir el impuesto sobre la venta. No deja de maravillar la matemática, el discurso y las justificaciones de los políticos partidocráticos a la hora de gravar la existencia de los sujetos del consumo.

Pero, ¿por qué no figura más prominentemente la crisis fiscal del gobierno en los discursos sobre la reforma contributiva? Porque a ningún político partidocrático se le ocurriría revelar sus tricks of the trade. Vale la pena, sin embargo, echarle una mirada al intricado discurso de la crisis fiscal.

II
Luego del gasto extraordinario de las administraciones Roselló (o quizá el costo de tener por dos cuatrienios a la cabeza del país) y el quinceañero político y económico de Sila M. Calderón, el gobierno llegó a un destino presagiado por la crisis petrolera del 1973, pero abnegada por siete administraciones (4 del Partido Nuevo Progresista, 3 del Partido Popular Democrático). Puede que Acevedo Vilá sea el primero en asumirla discursivamente, pero sus acciones de ninguna manera denotan un alejamiento consecuente con las prácticas fiscales partidocráticas que desbordaron en esta situación. Desde julio del 2005, el gobernador conocía la insuficiencia de fondos que enfrentaría el aparato gubernamental dado el presupuesto no aprobado por la legislatura. Su administración había preparado uno, el mismo que fue enmendado y reducido considerablemente por la asamblea legislativa. ¿Qué acciones se tomaron al respecto? Pedirle al personal gerencial que se acogieran a un plan de reducción de jornada y salario. Ciertamente, al genio que se le ocurrió la idea deberá ser nominado a un premio Nóbel. ¿A cual? Citando a Carlos Pieve, al de Genio de la Insuficiencia.

Datos de la Junta de Planificación indican que de julio a enero del pasado año fiscal el crecimiento de la fuerza trabajadora en el sector público se mantuvo al mismo ritmo de crecimiento. Las agencias a penas recortaron programas, personal o servicios. En otras palabras: aún conociendo la debacle, el gobierno mantuvo el curso inalterado. Lo del 1ro de mayo no fue una acción desesperada. Fue concertada, con mucho propósito y alevosía. ¿Cuál? Lograr empujar una “reforma contributiva” que allegara mayores fondos al Estado. Difícil de entender.

Las concertadas acciones del ejecutivo y el legislativo de gravar aún más los bolsillos de los contribuyentes están basadas en la ideología partidocrática del quehacer gubernamental. Pedro Roselló transformó la forma de hacer política en el país de cara al nuevo siglo, en la medida que revivió la construcción de infraestructura y de monumentos (a la insuficiencia, en muchos casos) como forma de medir la eficacia de una administración en particular. La latencia de Muñoz Marín en el imaginario de muchos puertorriqueños se debe a las profundas transformaciones que éste realizó al convertir el país de uno basado en hacienda con costumbres latifundistas, en una economía moderna dependiente de capital extranjero (en vías de convertirse líquido). La creación de una infraestructura que diera cabida a la inversión foránea también implicó la transformación del modo de vida del puertorriqueño; del campo a la ciudad, de los arrabales a las urbanizaciones y los residenciales públicos.

Este empuje desarrollista se agotó en los años setenta. Sin nada más que construir y con un capital líquido en fuga, la gestión pública transmutó a la simple administración, falto de imaginación y voluntad. Fueron tiempos donde a falta de hacer algo, se intensificó el debate sobre el estatus. Las administraciones penepés se entretuvieron persiguiendo independentistas, mientras los populares, por su parte y encabezados por el heredero ideológico de Muñoz Marín, jugaron el papel de la presidencia y la realeza.

De cara a los noventa, donde se comenzaba a perfilar el aplanamiento del mundo y el surgir de la cadena global de distribución, Roselló recuperó la voluntad hacia la infraestructura y estableció un intensivo plan de reconstrucción y remodernización del país. No era una idea tan nueva y, además, existían modelos a pequeña escala; Ramón Luis Rivera, padre, en Bayamón, y José Aponte La Torre en Carolina. Su masivo triunfo en el 1996 estableció la pauta de que para ser un candidato con posibilidades de triunfo se debía gastar el capital público en obras, edificios y adefesios que recordarán el legado del gobernante. Roselló también impulsó otra serie de servicios hacia el público que calaron hondo en el imaginario de los puertorriqueños: la tarjeta de salud, la modernización de la policía, los asaltos a los residenciales públicos, etc.

Todas estas acciones golpearon significativamente el fisco gubernamental, pues las mismas no fueron acompañadas de geopolíticas económicas que dieran cuenta de la metamorfosis que sufría el capital por aquellos tiempos. Además, el status dementia de Roselló introdujo la incoherencia a lo que parecía ser un plan cuidadoso y bien orquestado. Su obsesión con la estadidad hizo que abandonara cualquier lucha a favor de créditos contributivos para el capital extranjero. Nunca dio pelea en contra de las leyes de cabotaje, a modo de lograr una mejor inserción en la economía global en la zona del Caribe (esto a pesar de impulsar la construcción del Puerto de Las Américas). De este modo, la competitividad del país decayó y los recaudos del fisco disminuyeron, al mismo tiempo que el gasto aumentaba exponencialmente.

El desastre de la administración de Sila M. Calderón radicó más en el hecho de que ésta nunca le puso coto al derroche creado por las administraciones Roselló. En todo caso, ésta implementó un nuevo despilfarro de fondos públicos en obras poco organizadas y sin un norte económico preciso. Pero, nuevamente, el llamado “programa de gobierno” de Sila estuvo moldeado de acuerdo a aquellos implementados por su predecesor: siempre prometiendo hacer más, sin importar si la solvencia económica del gobierno aguantaba todas las promesas.

La lucha sin cuartel que han librado los poderes ejecutivos y legislativos en el presente cuatrienio se basan en estas premisas. De un lado, la legislatura penepé intenta a toda costa ponerle freno a cualquier intento del gobernador popular de crear obra que le dé relieve e importancia a su figura de cara a una posible reelección. Acevedo Vilá, siempre político hábil, orquestó la crisis del pasado Mayo para así construir una oposición ideológica considerable y facilitar el flujo de dinero a las arcas gubernamentales. El fin último: construir más obra pública.

Nuevamente: no deja de maravillar la matemática, el discurso y las justificaciones de los políticos partidocráticos a la hora de arreglárselas y seguir sosteniendo el sistema.

Si interesas suscribirte, por favor registra tu correo electrónico:

Auspiciado por FeedBurner